sábado, 21 de mayo de 2016

La autoestima: ¿qué piensas de ti mismo?

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“Los dramas de nuestra vida son los reflejos de la visión íntima que poseemos de nosotros mismos. Por tanto, la autoestima es la clave del éxito o del fracaso. También es la clave para comprendernos y comprender a los demás. De todos los juicios a que nos sometemos, ninguno es tan importante como el nuestro propio”. Nathaniel Branden

El otro día, conversando con la menor de mis hijas, me di cuenta de que cuando hablamos de autoestima no siempre tenemos claro lo que significa. En su caso la empleaba como sinónimo de soberbia u orgullo, viéndola así como algo negativo. Y de esta forma, intentando corregir su idea sobre lo que era la autoestima, acabé empezando por definir lo que precisamente no es. La autoestima no es creer que todo lo hacemos bien, sentirnos superiores a los demás ni ser orgullosos y egoístas.
La autoestima es la percepción que tenemos de nosotros mismos y abarca todos los aspectos de la vida, desde el físico hasta el interior, pasando por la valía o la competencia. Tiene tres componentes básicos:
-       Autoconcepto: es lo que piensas de ti,  lo que crees que eres.
-       Autorespeto: es el cuidado de tu persona y las actitudes hacia ti mismo.
-       Autoaceptación: es reconocer y aceptar tus potencialidades y limitaciones
En esa valoración que hacemos de nosotros mismos a lo largo de toda la vida y que no siempre se ajusta a la realidad, lo que los demás ven en nosotros o, más bien lo que nosotros pensamos que los demás ven, es crucial para determinar nuestro grado de autoestima. Entramos pues en el terreno de la seguridad y la confianza en uno mismo, minado por las influencias del exterior.
Reforzar la autoestima significa aumentar el valor personal ante uno mismo, no ante los demás. Cuando una persona busca compulsivamente la aprobación externa, entra en su propia trampa y en un ciclo sin fin. Se condena a sí misma, sin saberlo, a ir de cumplido en cumplido, a recabar la aprobación ajena, a necesitar incluso el halago. Ya no es libre, depende de que otros alimenten su necesidad de ser aprobada. Es como un adicto emocional que padece el síndrome de abstinencia. Se podría decir que esa persona pierde el tiempo y la paz mental buscando la felicidad en el lugar equivocado. Es obvio que no hay nada malo respecto a contar con el beneplácito ajeno. El problema es cuando se necesita y, sobre todo, cuando se confunde el verdadero valor personal con la complacencia externa. Son dos cosas muy diferentes.
Nuestras experiencias a lo largo de la vida, lo que nos ha pasado, las relaciones que hemos tenido con los demás (familia, amigos, etc.), las sensaciones que hemos experimentado, todo influye en nuestro carácter y por tanto en la imagen que tenemos de nosotros mismos, más allá de nuestra forma de ser.
La persona con un adecuado nivel de autoestima alberga sentimientos positivos hacia sí misma y seguridad en su capacidad para afrontar los nuevos desafíos que le proponga el destino. Acostumbra a albergar menos emociones agresivas, negativas y menos depresión que las personas con una autoestima baja. Maneja mejor el estrés y, cuando está expuesta al mismo, experimenta menos efectos negativos en su salud.

“Una persona con autoestima saludable es: sabia sin ser pedante, asertiva sin ser agresiva, poderosa sin necesitar la fuerza, ambiciosa sin ser codiciosa, profunda y no banal, humilde sin ser servil, valiosa sin ser orgullosa. Y lo más importante: deja de compararse con los demás, ya sea en positivo o negativo.” Raimón Samsó

Los problemas de autoestima pueden darse en todos los ámbitos de la vida, desde las relaciones sociales, hasta la vida sentimental, pasando por el ámbito laboral. Una autoestima baja puede llevarnos a un menor rendimiento en el trabajo, a una inseguridad personal que genere trastornos emocionales o a mantener relaciones de pareja dependientes y autodestructivas.
La persona con un bajo nivel de autoestima acostumbra a ser alguien inseguro de sí mismo, que desconfía de sus propias capacidades y rehúye tomar decisiones por miedo a equivocarse. Es habitual que, como decía anteriormente, necesite  continuamente de la aprobación de los demás. Suele tener también muchos complejos como consecuencia de tener una imagen distorsionada de sí mismo, tanto a nivel físico como de su valía personal. Todo esto le produce un sentimiento de inferioridad y timidez a la hora de relacionarse con otras personas. Le cuesta hacer amigos nuevos y está pendiente del qué dirán o pensarán sobre él por un miedo excesivo al rechazo, a ser juzgado mal y a ser abandonado. La dependencia afectiva que sufre es resultado de su necesidad de aprobación, ya que no se quiere lo suficiente como para valorarse positivamente. Esto le puede llevar incluso a inhibir la expresión de los sentimientos por miedo a que no sean correspondidos. Si algo funciona mal en una relación de pareja o de amistad, la persona con falta de autoestima creerá que la responsabilidad es suya, malinterpretando en muchas ocasiones los hechos y la comunicación entre ambos. Se siente deprimido ante cualquier frustración, se hunde cuando fracasa en sus empeños y por eso evita hacer proyectos o los abandona a la primera dificultad.

¿Y es posible mejorar nuestra autoestima? Naturalmente, como cualquier otra característica de la inteligencia emocional, para eso hemos creado “Mover los Sentimientos: una herramienta para desarrollar la inteligencia emocional”
• Piensa en los aspectos que menos te gustan de ti y en vez de tratarlos como carencias o defectos inamovibles que tienes que esconder míralos simplemente como áreas potenciales de mejora.
• Piensa en los beneficios de superar cada reto para tu vida y toma los resultados como aprendizajes. Si no te sale a la primera no se trata de un fracaso, solo de un resultado del que aprender. El único fracaso sería abandonar, abandonarte.
• Se trata simplemente de darte una oportunidad con un cambio de enfoque.

El secreto es dedicar más tiempo y energía a liderar nuestro diálogo interno. Hemos de vigilar lo que nos decimos y cómo nos tratamos, así como lo que les decimos a los demás y cómo los tratamos.

Autoestima: "Es el reconocimiento de mi valor, inalterable, como ser humano"

http://www.moverlossentimientos.com

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